Cuando desperté no había nadie alrededor, creí haberme dormido con otras, en verdad...
No, ¿porque la pregunta? Sí, creo que parece obvio, pero no, no estaba ahí el viejo, de hecho no lo volví a ver en algún tiempo; sin embargo, sentía ese escalofrío cada vez que lo recordaba. Sí, tiene razón, supongo que era su casa. No tengo la menor idea de cómo llegué hasta ahí, pero cuando desperté sabía, como sabe todo el mundo, que era ajeno a ese lugar. Así, salí a la calle y cuando mire alrededor me pareció todo tan familiar, como si de hacía tiempo viviera ahí, como se siente el mundo cuando sale de su casa y obviamente conoce el lugar a la perfección ¿no le parece? Sin embargo, tenia algo extraño, quizá el olor a humedad fue lo que delató mi extrañeza, me dí cuenta que yo no vivía ahí, vaya que lo sabía... Pero, ¿sabe qué fue aún más misterioso?, al andar por unas cuantas horas de camino, regrese al mismo lugar, como si hubiera olvidado dónde vivía antes de aquella velada. No, no se me ocurrió hasta después de un tiempo sentado en la acera. Cuando miré en la cartera, ahí estaba mi rostro otra vez en mica; pero había algo raro, algo que no pude entender, los ojos de esa imagen no eran los mismos que ahora miro a través de la ventana, lo puedo jurar. Por un momento me perdí en ellos. Un aullido a mi espalda me advirtió que un hombre iba en busca de algo que me pertenecía, instintivamente lo tome de su cuello, invadido por un deseo supremo a cualquier otro jamás sentido. Lo seguí apretando, era deliciosamente conmovedor ver como ese viejo sufría, como yo era el afortunado de darle paz al fin, como empezaba a cambiarle el agotado rostro, hasta que por fin paró de sacudirse. Entonces, lo tome entre mis brazos, lo abrace tan estrechamente sintiendo cómo su inerte cuerpo se apegaba al mío, con suavidad lo deje reposando sobre un lote baldío, lo miré una vez más, dejé unas monedas sobre su puño aún abierto y cuando lo intenté cerrar supe que era demasiado tarde: empezaba a ser imposible. Tomé mi cartera y me alejé.
Volví a despertar en el mismo lugar de antes, aún no me explico ese acontecimiento, recuerdo que me dirigía al lugar donde vivía, pero volví a despertar ahí: en esa habitación. Sin embargo, había algo diferente, ahora alguien me miraba desde la oscuridad, se encontraba sentado en una silla que chillaba a cualquier movimiento...
¿Se siente usted bien? Claro, no se preocupe, solo tenga cuidado con el tipo que cubre la entrada, parece un poco extraño entre nosotros extranjeros. También, tenga cuidado en dónde se vaya a sentar; los baños de estos lugares son muy sucios, tenga cuidado, a veces nunca miramos donde estamos sentados.
No, ¿porque la pregunta? Sí, creo que parece obvio, pero no, no estaba ahí el viejo, de hecho no lo volví a ver en algún tiempo; sin embargo, sentía ese escalofrío cada vez que lo recordaba. Sí, tiene razón, supongo que era su casa. No tengo la menor idea de cómo llegué hasta ahí, pero cuando desperté sabía, como sabe todo el mundo, que era ajeno a ese lugar. Así, salí a la calle y cuando mire alrededor me pareció todo tan familiar, como si de hacía tiempo viviera ahí, como se siente el mundo cuando sale de su casa y obviamente conoce el lugar a la perfección ¿no le parece? Sin embargo, tenia algo extraño, quizá el olor a humedad fue lo que delató mi extrañeza, me dí cuenta que yo no vivía ahí, vaya que lo sabía... Pero, ¿sabe qué fue aún más misterioso?, al andar por unas cuantas horas de camino, regrese al mismo lugar, como si hubiera olvidado dónde vivía antes de aquella velada. No, no se me ocurrió hasta después de un tiempo sentado en la acera. Cuando miré en la cartera, ahí estaba mi rostro otra vez en mica; pero había algo raro, algo que no pude entender, los ojos de esa imagen no eran los mismos que ahora miro a través de la ventana, lo puedo jurar. Por un momento me perdí en ellos. Un aullido a mi espalda me advirtió que un hombre iba en busca de algo que me pertenecía, instintivamente lo tome de su cuello, invadido por un deseo supremo a cualquier otro jamás sentido. Lo seguí apretando, era deliciosamente conmovedor ver como ese viejo sufría, como yo era el afortunado de darle paz al fin, como empezaba a cambiarle el agotado rostro, hasta que por fin paró de sacudirse. Entonces, lo tome entre mis brazos, lo abrace tan estrechamente sintiendo cómo su inerte cuerpo se apegaba al mío, con suavidad lo deje reposando sobre un lote baldío, lo miré una vez más, dejé unas monedas sobre su puño aún abierto y cuando lo intenté cerrar supe que era demasiado tarde: empezaba a ser imposible. Tomé mi cartera y me alejé.
Volví a despertar en el mismo lugar de antes, aún no me explico ese acontecimiento, recuerdo que me dirigía al lugar donde vivía, pero volví a despertar ahí: en esa habitación. Sin embargo, había algo diferente, ahora alguien me miraba desde la oscuridad, se encontraba sentado en una silla que chillaba a cualquier movimiento...
¿Se siente usted bien? Claro, no se preocupe, solo tenga cuidado con el tipo que cubre la entrada, parece un poco extraño entre nosotros extranjeros. También, tenga cuidado en dónde se vaya a sentar; los baños de estos lugares son muy sucios, tenga cuidado, a veces nunca miramos donde estamos sentados.
